[Carta al Director] Primeras alumnas en el Instituto Nacional

Señor Director:

En el marco de un convenio firmado entre el departamento de francés del Instituto Nacional y el establecimiento educacional público francés “Lycée Nelson-Mandela”, este lunes una delegación de estudiantes arriba a nuestro colegio. Dicho acuerdo supone que varios de nuestros compañeros tendrán la oportunidad de viajar a Francia, mientras que, a su vez, estudiantes de dicho país visitarán el nuestro, y, siguiendo un itinerario acordado, asistirán algunos días a clases junto a nosotros. No sería la primera vez que el Instituto Nacional participa de un programa de estas características, de manera que aquello no debería llamar en absoluto nuestra atención, en cambio, lo que sí habremos de notar es el hecho de que Francia, como cualquier país con un sistema educativo acorde al siglo XXI, envía una delegación compuesta tanto por hombres como por mujeres a un colegio que pareciera recibirlos con todo el espíritu del siglo XIX.

Desde hace algunos años ha sido un fuerte tema de discusión el incluir mujeres a nuestras actividades académicas. Frente a este asunto existe mucha controversia. Se apela a la tradición, a la incapacidad estructural del colegio, a los efectos negativos que traería consigo una medida como esta. Nosotros no compartimos de manera alguna las razones, bajo las cuales se busca mantener una tradición que no hace más que ratificar cada día la acostumbrada y cómoda posición que tiene nuestra institución frente a varias problemáticas sociales. Por parte de los directivos de nuestro establecimiento, en cambio, se menciona la necesidad de iniciar un debate institucional sobre el tema y elaborar proyectos que nos permitan concretar esta medida a largo plazo.  Lo cierto es que muchas de las razones que se nos dieron como explicación (o, incluso, como justificación de la imposibilidad de una medida así), fueron al final solo respuestas del momento para eludir directamente su responsabilidad con los estudiantes, con la institución y con la educación de este país. Misma situación se da fuera de nuestro establecimiento. Frente a la carta presentada por Marina Ascencio Muñoz la respuesta de las autoridades, incluida la presidenta Bachelet, consistió en “pelotear” la responsabilidad a otras instituciones (Ministerio de Educación, DEM, Consejo escolar), ninguna haciéndose cargo de la problemática.

“El gran fin del Instituto es dar a la patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor”. Es la frase que desde que ingresamos a este establecimiento se nos repite en cada instancia posible, sin embargo, pareciera que gran parte de los miembros de esta comunidad ignora que desde el año 1934 las mujeres comenzaron a acercarse a la obtención de una ciudadanía plena con la concesión del derecho a voto en las elecciones municipales. Hoy en día no existen motivos para tener una institución de educación pública que niegue el ingreso a alumnos solamente por ser mujeres. El llamado primer foco de luz de la nación, le da la espalda no solo a alumnas que desean entrar a nuestro colegio, le da la espalda al espíritu de la educación pública, vulnerando el derecho a educarse libremente de las jóvenes de nuestro país y, en cambio, prefiriendo educar a solo una parte de nuestra sociedad. La situación es tan evidentemente ridícula y contradictoria, como tener colegios para “negros”, y otros para “blancos”.

El caballo de batalla de quienes se oponen a la educación mixta, es la creencia de que una educación de este tipo suele reducir el rendimiento académico. Esta idea ignora, en primer lugar, la naturaleza multicausal de esta situación, es decir, que la baja del rendimiento no se da por la presencia o ausencia de mujeres y hombres en el aula de clases, sino muchas veces por conductas relacionadas con la poca preparación de los establecimientos para educar alumnos en un contexto acorde a lo real. Esta mirada  ignora también cómo funciona realmente la sociedad chilena. Nuestro paso por un establecimiento educacional debe entregarnos herramientas para poder desenvolvernos de la mejor manera posible en situaciones de la más diversa índole. El mundo académico y laboral fuera del colegio es mixto. Suele esgrimirse que la presencia de distintos sexos en un colegio llevaría a que los estudiantes se concentraran en actividades no académicas (en particular, el sexo opuesto). Una educación de calidad, no puede preferir negarse a esta situación (si es que existe realmente) por sobre educar al estudiante para funcionar, de todas formas, en un ambiente que es mixto, sin problemas.  Como país aún enfrentamos una fuerte problemática entorno a la equidad de género y de ninguna manera estaremos avanzando si seguimos permitiendo que instituciones con arcaicos modelos de educación sigan día a día discriminando a postulantes por condiciones como su género. La tradición tampoco debe ser un argumento para mantener la discriminación, pues antes de responder a la tan llamada tradición del colegio, debemos responder al llamado que hoy nos hace la educación pública.

De manera alguna estamos en contra de recibir a compañeros de intercambio, ya sean hombres o mujeres. Escribimos haciendo un llamado a recuperar el perfil social que, en días como estos, debería tener un colegio que dice tener una fuerte conciencia por los problemas que aquejan a la sociedad chilena. Aún son muchos los temas que como comunidad debemos resolver. Sin respuesta ha quedado la renovación al estatuto del establecimiento, el tema del uniforme escolar, el recuperar la excelencia académica, entre otros. Problemáticas transversales a nuestra educación pública, frente a las cuales como institución podemos tomar la vanguardia, iniciando el debate, y siendo el ejemplo.  No podemos permitir que en el colegio se instale una tradición tan nefasta como olvidarnos del rol social y dejar proyectos eternamente dormidos. Hemos escuchado por los pasillos y en el aula, a profesores, inspectores e incluso estudiantes comentando cómo la flojera se ha hecho presente en los estudiantes los últimos años, todo esto haciendo referencia a la medida de la toma como un elemento para no tener clases. Estos dichos son compartidos por muchos y recriminados por otros. Sin embargo, la flojera que se ha apoderado de la dirección de este colegio, o de quien sea que deba hacerse responsable de llevar adelante proyectos, para poder, de una vez, sacar a flote medidas sumamente necesarias, esa flojera es la que hoy más nos duele y frente a esta situación tenemos que saber responder y salir a la lucha.

Guillermo González S.

Sebastián Flores S.

Sebastián Núñez F.

Estudiantes del 4to Medio J Humanista

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