[Carta al director] Sobre el Instituto Nacional

Señor Director:

Se reabre el debate sobre la “no selección” del Instituto Nacional, lo que nos lleva a recordar las palabras del rector Sergio Riquelme en su 185° aniversario: “En nuestra educación hay una falacia, la homogeneización. No confundir con igualdad de oportunidades. Es lo que niega la diversidad”. Y la diversidad es el proyecto educativo del Instituto Nacional.

En 1956, el profesor Patricio Aylwin fue claro en las palabras que dirigió a su curso 6° F, del que egresa Ricardo Lagos Escobar: “No seáis timoratos ni egoístas en el uso de vuestros talentos para construir un Chile y una humanidad mejor para todos”.

Su meritocracia se define por logros y fracasos en el proceso formativo, de superación y desafío, que no mira cuna, credo religioso ni estrato socioeconómico, y bajo un modelo de trabajo desconocido para muchos de los que legislan y proponen una reforma que nos apunta como colegio segregador. Le cargan el muerto al equivocado.

Con 203 años, se introdujo la selección cuando creció el alumnado a casi cinco mil, un esfuerzo de inclusión y cobertura. Hijos de ricos y pobres, de inmigrantes. Eso genera amistad cívica en un mundo de dogmas y ortodoxias.

Más que los mejores, aquí se les entrega lo mejor, y en un marco de austeridad franciscana y abandono del Estado.

La universidad no es per se una meta, eso es colateral. El Instituto Nacional forma personas de carácter, y el carácter es destino (Heráclito). “El gran fin del Instituto es dar a la Patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor”, y eso vale para toda la educación pública. Anhelar esta educación gratuita de excelencia para alcanzar no más que una profesión que dé dinero y estatus social, perdón: aquí no formamos borregos oportunistas.

El Instituto Nacional es parte de la solución, no del problema. La municipalización fue un crimen de lesa patria, y los igualitaristas imbunchan el talento. El Instituto Nacional no es emblemático, es emblema de la educación pública. Y lo más triste: el retorno de la democracia no fortaleció la educación pública que sí funcionaba, y funciona, más allá de los rankings de test estandarizados.

Luis Eduardo Elmes Araya
Profesor institutano Premio Municipal de Educación 1997

(Tomada de: El Mercurio)

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