[Columna] Crisis de participación política

“Si somos alumnos del liceo más emblemático de nuestro país, si estamos conscientes de nuestra historia y nuestro deber social, debemos también hacer una crítica y ser partícipes de los cambios que nuestro colegio -y el país- necesita”

Por: Bastián Castro Nofal,

Secretario de Actas del Centro de Alumnos.

11052013_521669097987295_1539978271598301273_nEl Instituto Nacional es un Chile chico” es una frase que suelo escuchar, sobre todo en este último tiempo, y se traduce con mayor razón cuando hablamos de política.

Nuestro país atraviesa la más compleja crisis política desde la vuelta a la democracia, y eso se ve traducido también en nuestra participación en la política estudiantil.

Hubo marchas a las que asistieron no más de quince personas. Se hicieron llamados a conformar comisiones redactoras de petitorio a las que no llegó nadie. La toma del establecimiento fue una de las menos duraderas al menos en el período que me ha tocado estar en el liceo, obligándonos incluso a bajar drásticamente el cuórum para poder validarla. Y es que los compañeros están desilusionados del poder cívico del sufragio, y si lo analizamos más profundamente, también del régimen democrático. Con una asistencia baja, y ni si quiera la participación de un cuarto de los alumnos en las últimas votaciones de ratificación de toma, vemos cómo lo que era un método polémico de presión pasa a ser una rutina repudiada incluso por quienes nos consideramos revolucionarios.

¿Pero cuánta culpa es de nosotros? ¿Cuántas veces se nos ha dicho -casi de forma doctrinaria- que la política es sucia, que todos los políticos son corruptos, que nos debemos alejar de ella?

 

Es cierto que la política es sucia, que está relacionada -sobre todo actualmente- con corrupción, y que eso nos lleva a verla como algo repudiable.

Pero somos fuerza de cambio, compañeros. Y somos la fuerza de cambio que nuestra sociedad hoy más que nunca necesita. Si somos alumnos del liceo más emblemático de nuestro país, si estamos conscientes de nuestra historia y nuestro deber social, debemos también hacer una crítica y ser partícipes de los cambios que nuestro colegio -y el país- necesita. Es el momento de actuar. Es el momento de cambiar la historia.

 

Hoy, más que recordar que como colegio cumplimos doscientos dos años, que tenemos una cantidad enorme de academias o que solemos sacar altísimos puntajes en la PSU, quiero recordar que somos un liceo comprometido con la ciudadanía. No perdamos el foco, compañeros. No es tiempo de ser simples observadores.-

 

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