[Editorial] El rostro de la injusticia

Esta mañana se conocieron los resultados de las postulaciones a las diferentes universidades adscritas al sistema único de admisión, administrado por el Consejo de Rectores de las universidades tradicionales. Sin que constituyera novedad, en ellas quedó nuevamente graficado el enorme impacto negativo del ranking de notas en un pequeño sector del estudiantado: los alumnos de liceos de especial singularidad o “emblemáticos”, dentro de los cuales se encuentra nuestro colegio.

¿Por qué siguen causando indignación los resultados de este mecanismo, si ya hemos conocido sus perversos efectos en dos oportunidades?

Porque, precisamente, ya van 3 años en los cuáles el aporte del ranking al combate de la desigualdad ha sido mínimo, mientras que el efecto más relevante del polémico mecanismo ha sido liquidar a un segmento de estudiantes provenientes de sectores vulnerables, y que se han sometido voluntariamente durante 6 o más años a un régimen de alta carga académica para poder quedar en las mejores universidades de nuestro país, y que hoy ven sus sueños truncados, no por falta de trabajo o perseverancia, sino que por un injusto experimento que cada vez revela más falencias y daños colaterales.

Según concluye un estudio de la UDP, el año pasado los “beneficios” del ranking (es decir, aquellos alumnos que sin ranking no quedaban en la Universidad) fue marginal con respecto a las cifras totales: apenas un 1,3% de los estudiantes pudo quedar en la universidad gracias al ranking de notas, por lo que su impacto fue muy reducido. Los beneficios del ranking se repartieron de la siguiente forma:

Ingresos per cápita           Beneficiados       Perjudicados

Hasta$75.000                9,4%             6,5%

Hasta $193.000               33%                30%

Más de $611.000            8,7%              18%

Asimismo, señala la investigadora de la UDP, “como el ranking se encuentra ligado a las calificaciones, los colegios particulares que ponen calificaciones altas también se ven beneficiados por el mecanismo”, y “como además mantienen sus altos puntajes PSU, mantiene sus altos niveles de admisión a las universidades tradicionales”.

Hay estudios que entregan resultados aún más dramáticos, y que señalan que el ranking estaría favoreciendo en mayor medida a los particulares pagados, como un informe de la Universidad de Valparaíso que señala que las bonificaciones obtenidas por los particulares son mayores que las de los colegios públicos.

Otros estudios han confirmado que el aporte del mecanismo a romper la segregación escolar ha sido mínimo.

Como contraparte, nos encontramos que los estudios efectuados al interior del Instituto Nacional demuestran que en el plantel, y en general en los liceos de especial singularidad, el efecto del ranking no es irrelevante, y que ha determinado importantes efectos.

Dichos estudios arrojan que los estudiantes se ven en gran medida perjudicados, y en algunos casos muy perjudicados, mientras que los alumnos beneficiados son excepcionalísimos. Cabe recalcar que estamos hablando de colegios con porcentajes de vulnerabilidad que se elevan por sobre el 40%, es decir, aquel grupo objetivo que precisamente se busca beneficiar.

En conclusión: El efecto del ranking ha sido en términos globales muy marginal, salvo en liceos emblemáticos, en donde ha generado un grave daño a un número relevante de estudiantes, que por lo demás se hayan dentro del grupo de estudiantes que deberían ser beneficiados por las políticas públicas.

Pero, dejando un poco de lado los análisis estadísticos, pongamos rostro al problema:

El caso tal vez más emblemático del proceso de admisión 2015 es el de Alejandro Peñaloza, puntaje nacional en matemática y egresado del Instituto Nacional.

Alejandro, vecino de Maipú, NEM 6,4 y guitarrista de una banda escolar, aspiraba a estudiar Medicina en alguna de las 3 universidades tradicionales que hay en Santiago (la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Santiago). Para lograrlo, estudió adecuadamente las materias relacionadas, sin dejar de realizar otras actividades formativas no vinculadas directamente con el campo científico, como la música, es decir, mantuvo una educación integral.

Logró con gran esfuerzo un promedio final 6,4 de sus 4 años de enseñanza media, lo que para el estándar de exigencia del Instituto Nacional es un promedio muy elevado. Además, comprendió adecuadamente las materias fijadas por el Mineduc y el CRUCh, logrando en la PSU 850 puntos en matemática, 796 en ciencias y 681 en Lenguaje, puntajes que lo sitúan dentro del 1% con mejor rendimiento en todo el país. Su promedio 6,4 le aporta un NEM 719 y ranking 757. Como vemos, su rendimiento PSU fue mayor a su rendimiento en calificaciones escolares, la tónica de los alumnos de liceos de especial singularidad.

Ahora veamos la variación de las ponderaciones de la carrera de Medicina en la U. de Chile:

Ponderaciones del año 2012:

Matemática: 35% 297,5

Lenguaje: 15% 102,15

Ciencias: 30% 238,8

NEM: 10% 71,9

Ranking: 10% 75,7

Ponderaciones de este año:

Matemática: 25%

Lenguaje: 10%

Ciencias: 25%

NEM: 10%

Ranking: 30%

El año 2012 Alejandro hubiera ponderado: 786,5

Este año ponderó : 778,6

La misma tónica se repite en las Universidades Católica y de Santiago.

Por ello, pese a que Alejandro logró puntaje nacional y destacados puntajes en la PSU, además de un promedio elevado para el estándar del Instituto Nacional, no pudo quedar en la carrera de medicina en ninguna de las tres universidades públicas que la imparten en la Región Metropolitana exclusivamente por consecuencia de la elevada ponderación del ranking de notas.

Así como Alejandro hay un sinnúmero de casos, de alumnos y alumnas que demostrando un manejo adecuado de los contenidos fijados por el propio DEMRE, CRUCh y MINEDUC en el instrumento evaluativo ideado por dichas organizaciones, son excluidos de las universidades y carreras más selectivas por el solo hecho de haber escogido acceder a una educación pública, gratuita y laica de alta carga académica, sin que se les hubiese previamente informado de que se efectuarían éstos cambios apresurados, por lo que no tuvieron oportunidad de retractarse de su decisión y elegir cursos de acción diferentes para lograr, con esfuerzo y perseverancia, sus objetivos académicos.

Asimismo, Alejandro tomó la decisión de no cambiarse de colegio y burlar el sistema, porque de haberlo hecho y haber cursado el segundo semestre  en un colegio de bajo rendimiento, o sencillamente en un “colegio 2×1”, habría logrado un alto ranking por medio de dicho artificio, quedando en la carrera que es su vocación.

¿Qué hacer, si JuanManuel Zolezzi ha dado muestras de increíble tozudez, y sus asesores se niegan a abrir los ojos frente a la aberrante realidad?

¿Qué hacer, si los demás rectores del CRUCH guardan cómodo silencio frente a este ataque despiadado hacia lo que queda de la educación pública de excelencia, que en el pasado fue motor de cambios sociales e integración, así como de desarrollo y expansión de la cultura, técnica y artes?

Hoy es el momento de que los ex-alumnos de la educación pública se hagan cargo de su responsabilidad histórica, y tomen un rol activo en la defensa de ésta.

Asimismo, un buen camino a seguir sería la elaboración de un informe categórico que de cuenta en forma irrebatible de los nefastos efectos del ranking de notas, y que se organice durante el primer semestre del 2015 un Congreso Amplio de Admisión a la Universidad, levantado desde los liceos públicos con ayuda de ex-alumnos investigadores o académicos, en donde se elabore una propuesta alternativa de admisión a la Universidad, basada en el ejemplo internacional que se aleja de lo que es el ranking de notas, y que valora además el aprendizaje extraescolar.-

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Una respuesta a “[Editorial] El rostro de la injusticia

  1. Queda mas que claro que en nuestro País no se valora la capacidad de las personas, sino que con seudo políticas de ayuda a los más vulnerabbles se atropellan los sueños de los má capaces, en pos de atraer dinero fácil al negocio de las universidades, pues a quién le importará que después de un semestre o un año a lo más este alumno premiado por el Rnaking deba dejar la Universidad, pero tambien ha dejado una buena cantidad de dinero proveniente de las becas o creditos que pagaremos todos los chilenos a las universidades. Todo después de aquello se olvidará y será una anegdota, las heridas y el dolor lo pagarán inocentes con mucha capacidad pero a pesar de su esfurzo,capacidad y dedicación no pudieron cumplir con sus sueños. Otra vez el mercado ha ganado con el paradigma de la educación como negocio.

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