[Opinión] Institutano y de la USACh

Por: Mauricio Vivanco Soto,

Ingeniero de Ejecución en electricidad USACH y 

Egresado Instituto Nacional 1999.

“…A quien lea esta columna le quiero recalcar que el Instituto Nacional no es una institución elitista, discriminadora ni segregadora y en lugar de ser denostado debiese ser tomado como ejemplo…”

Las declaraciones del Sr. Zolezzi con respecto al Instituto Nacional ya no sorprenden, pero sí extraña la virulencia, el desdén y el tremendo desconocimiento de una de las instituciones más representativas de la educación pública del país, que se ha mantenido incólume a sus principios republicanos y ha dado la oportunidad de dar una educación integra y de calidad tanto al hijo del patrón como al trabajador, con la única condición del mérito y el esfuerzo.

Dado a lo anterior he decidido escribir estas líneas, no con el afán de contrarrestar ni desafiar al Sr. Zolezzi, ni mucho menos menoscabar su honra, sino que contar mi experiencia como Institutano y como titulado de la USACH, instituciones de las cuales me enorgullezco de haber recibido todo lo que me entregaron y les estoy eternamente agradecido, a pesar de los $800.000 que debo cancelar todos los años en las oficinas de finanzas de la USACH por haber estudiado con Fondo Solidario.

Mi paso por el Instituto Nacional se gestó en mi familia, con el constante estimulo de mis padres durante mi educación básica de estudiar y obtener buenas calificaciones, con el único fin de poder ingresar a dicho colegio. Mi padre que no termino el colegio y trabajaba en turnos (mañana – noche, rotativos por semana) , junto a mi madre, secretaria ejecutiva del ministerio de vivienda , lo veían como la única opción de obtener una educación de calidad que pudiesen costear (COSTO CERO), la única que desde el punto de vista de mis padres pudiera entregarme las herramientas necesarias para ingresar a una carrera universitaria en una Universidad con cierto prestigio, pero por sobre todo, tener la mínima posibilidad de optar a una beca o beneficio que pudiera solventar mis estudios universitarios.

De mi paso por el Instituto Nacional podría escribir un libro, lo que quiero rescatar es su diversidad, entre profesores, funcionarios, compañeros de aulas y amigos. La verdad es que cada Institutano tiene una historia diferente, de cada lugar de Santiago e incluso de región, la mezcla social, cultural es llevada al extremo. Como ejemplo un año el mejor promedio de mi curso lo saco un alumno que cuando los sábados íbamos a jugar fútbol, iba con los zapatos de colegio, esto nunca fue motivo de burla, solo se le admiraba porque donde todos éramos de 5, él era de 6. Otro ejemplo es que durante 3 años fui compañero de sala, con un joven que su mamá dos años después de mi egreso del colegio fue biministra de gobierno, quien al presentarse ante los funcionarios, reconoció a mi madre y se acercó a saludarla y hablar de sus hijos. No manejo estadísticas al respecto, pero estoy seguro que este tipo de interacción no se da en casi ninguna otra institución educativa de Chile (colegios y universidades incluidos) y ahora como adulto, valoro aún más que la instrucción académica, la posibilidad de darme a conocer que el mundo no era mi barrio, sino una infinidad de cosas por conocer.

Mi permanencia en el colegio con el correr de los años se fue complicando, la exigencia se mantenía y mis intereses cambiaron, comenzó a gustarme la música, lo cual se tradujo en una baja en las notas. A pesar de esto nunca me sentí como un extraño en el colegio, por el contrario, encontré muchos amigos con los cuales compartir esta pasión, forme parte de distintas agrupaciones musicales, apoyadas por profesores de música, participe en tocatas de aniversario, de día del alumno, incluso llegue a tocar en el máximo evento del colegio para su aniversario (el Míster Institutano). Veía que los profesores de música siempre apoyaron estas actividades extra programáticas, considerando que en esos años a contar de 3ro medio, no se impartían clases de música según la malla curricular, aun así, estaban los profesores de música en las audiciones o bien prestando una sala improvisada de ensayo para participar en festivales de música (salimos 3ros con ese grupo en un festival de rock escolar de Santiago), se daba igual en cualquier actividad extracurricular.

Llegado el momento del egreso, mi desorientación vocacional era tremenda, no sabía que estudiar y considerando que me gustaban las matemáticas y la música, la última me apasionaba, pero mi nivel era solo de aficionado y las opciones laborales que me podría presentar esta última eran absolutamente escasas. Para peor, mi NEM no era de los mejores. Apenas egresado decidí no ingresar a estudiar, aclararme un año y ver qué pasaba a pesar de tener opciones en la USACH y la UTEM no estaba convencido, por tanto prepare la PAA.

Llegado el 2001, con puntajes en mano, con la opción de ingeniería en sonido en la Universidad de Chile desechada por la prueba especial, opte por Ingeniería en Ejecución Eléctrica en la USACH, considerando que mi promedio de notas no me acompañaba y que en dicha universidad aparte de su 35% de NEM bonificaba al 5% de más alto rendimiento de sus colegios con el 10% del puntaje ponderado (medida implementada por la USACH similar al ranking), con todo eso en contra postule y quede gracias a mis puntajes.
En mi paso por la USACH conocí una realidad totalmente distinta a la del Instituto Nacional, pues me encontré con muchos jóvenes provenientes de liceos periféricos, casi todos primera generación en la Universidad y con aspectos diversos pero la tendencia era una sola: La gran mayoría de clase trabajadora.

Con el correr del primer semestre comencé por primera vez a valorar la instrucción académica de mi liceo, pues no fue tan dificultoso aprobar los 8 ramos del primer año, no así para muchos de mis compañeros, quienes llegaban con promedio 6,5 y que experimentaban por primera vez lo que era sacarse un rojo bien rojo. Tanta desilusión y el salir de la burbuja se traduce en una cosa muy simple: la mitad de los ingresados a la carrera el primer semestre abandonaron la Universidad.

Quiero ahondar en este punto, pues considero que no era culpa de ellos llegar sin las herramientas necesarias a la universidad, con conocimientos que para mí eran básicos (factorizar!) para ellos era un universo totalmente desconocido. ¿Cómo es posible que un joven con promedio 6,5 egrese de cuarto medio sin saber factorizar?
¿Es responsabilidad del alumno, del profesor o del colegio?

Pues creo que la respuesta va más allá, la responsabilidad es el paupérrimo nivel educativo producto de dejar la responsabilidad de educar bajo las garras del mercado, con profesores presionados de “no reprobar tantos alumnos”, y con los colegios de barrios que en muchos casos la “misión” es que los alumnos estén en “el colegio” y no “vagando en la calle” se confabulan para que estos alumnos de capacidad y responsabilidad incuestionable lleguen con una armadura de cartón a una guerra de verdad.

La USACH, como bien se plantío con anterioridad, bonifica al porcentaje de mejor rendimiento en cada uno sus colegios, además los porcentajes de la ponderación de ingreso atribuidos al NEM son de los más altos del país, se cree firmemente que estos alumnos beneficiados (bajos puntajes, NEM alto) tienen mayor mérito que los egresados del Instituto Nacional (altos puntajes, NEM bajo). Según un estudio presentado en la Segunda Conferencia Latinoamericana Sobre el Abandono de la Educación Superior (Garrido, Arrieta, Vallejos, USACH 2012), estos plantean completamente lo contrario. Los alumnos con puntajes entre 450 y 499 tienen un porcentaje de deserción del 38%, mientras que los alumnos que ingresan entre los 750 y 799 tienen una deserción del 12%. Dentro de las conclusiones de este estudio plantea claramente: El tipo de colegio del cual provienen, no poseen las herramientas para enfrentar el proceso de enseñanza aprendizaje y que presentan problemas de ambientación debido a que provienen de un sistema muy protegido a otro donde el estudiante es responsable por sus actos. La USACH de acuerdo al mismo estudio tiene porcentajes más altos de deserción que Universidades privadas con aportes estatales. Sí este estudio presentado en la USACH y financiado por la Unión Europea no tiene cabida para el Sr. Zolezzi, menos cabida tendrá el pataleo de alumnos y ex alumnos del Instituto Nacional que el mira con desdén.

Ahora volviendo a mi experiencia universitaria, compartiendo y conociendo más a mis compañeros (ya por el segundo año donde quedaban solo aquellos que habían logrado adaptarse) entendí muchas cosas, venían muchos de regiones, y varios provenían de colegios industriales, quizás ellos fueron los que más sufrieron el rigor de las matemáticas en primera instancia, ellos a pesar de que salían titulados y en teoría preparados para la vida laboral, decidieron seguir estudiando en su mayoría incentivados por sus mismos profesores, quienes al ver que tenían condiciones, prácticamente los obligaron a postular a la universidad. Uno de ellos me contaba que fue el único alumno de su generación en su colegio en quedar en la universidad y que eso el colegio no lo lograba hace 3 años, es decir 1 ingreso entre 600 alumnos egresados.

Compartir este tipo de experiencias no puede dejar indiferente a nadie, pero ¿Es la PSU la que segrega? La respuesta es NO, la PSU solo muestra la terrible desigualdad en la calidad de la educación ligada intrínsecamente al ingreso económico de los padres.

Otra cosa que me gustaría destacar es que el ambiente universitario no me fue del todo desconocido, pues tenía compañeros del instituto en otras carreras, otros que habían ingresado antes, etc., pues en el instituto nos instruyen para eso, el ingreso a la universidad se da por descontado, a pesar de que muchos (me incluyo) fuésemos primera generación en optar a la educación universitaria, mientras para mis compañeros de otros colegios era un mundo absolutamente nuevo y casi sorpresivo pues “de la pobla a la U” hay un camino pedregoso y casi infranqueable si eres pobre (Mantener 4, 5 o 6 años más un estudiante de un barrio vulnerable es una tarea titánica).

Lo que quiero reflejar es que las críticas del señor Zolezzi al Instituto Nacional son inmerecidas, pues los Institutano no somos privilegiados, ni estudiamos para la PSU ni para la PAA solamente. Lo mejor que nos pudo enseñar el colegio es que todos somos iguales, y que las cosas se consiguen con esfuerzo.
A mis compañeros Institutanos, que egresaron recién y a los que están ingresando, les digo que la USACH es una grandísima institución, que merece ser considerada una opción óptima para estudiar, que en ella serán bienvenidos, compartirán con gente muy valiosa y que quizás les costara menos que a ellos al principio, al principio ayudaran a muchos y luego se equilibrara la dificultas, el Sr Zolezzi solo representa una arista de los que es la USACH en su magnitud.
A mis vecinos de Lo prado que no obtuvieron buen puntaje y sueñan con estudiar ingeniería, les digo que existen miles de opciones, una de ellas es estudiar alguna carrera técnica y luego sacar la ingeniería en modalidad vespertina en la USACH (programa vespertino que tiene como 30 años), cuando estén titulados contaran con años de experiencia laboral que pesaran al momento de postular a un trabajo.

A quien lea esta columna le quiero recalcar que el Instituto Nacional no es una institución elitista, discriminadora ni segregadora y en lugar de ser denostado debiese ser tomado como ejemplo y se debiesen impartir políticas públicas para ampliar el cupo y terminar con la selección (tantos cupos como postulantes), tratar de exportar la experiencia a otras comunas (liceo Nacional de Maipú por ejemplo) y debe ser patrimonio de todos los chilenos y chilenas esforzados por usar un lugar de privilegio en los ranking dominados y diseñados exclusivamente por los colegios para gente bien.
Mi hijo tiene 1 año 7 meses y sí las cosas no cambian no tendré dudas en postularlo al Instituto Nacional, a diferencia del señor Zolezzi que matricula a sus hijos no precisamente en colegios municipales. Lo principal que le quiero heredar no es dinero ni propiedades, solo quiero que sepa que las cosas se consiguen esforzándose y con trabajo, de esa forma nunca se sentirá pobre.

LABOR OMNIA VINCIT! (EL TRABAJO TODO LO VENCE).

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2 Respuestas a “[Opinión] Institutano y de la USACh

  1. Estimado Mauricio, no sé de qué manera llegué a esta página pero claro está que me interesó demasiado. De la manera en que expones tu experiencia desde tus estudios básicos hasta que presentas tu situación actual, es que encontré la respuesta a una interrogante que no podía hallar.
    Soy estudiante vespertino en Ingeniería (E) Computación e Informática en la USACH, y este 2016 debo cursar el tercer año. Provengo de educación media técnico profesional, en donde aprendí mucho de la especialidad de análisis y programación, pero no lo suficiente en ciencias (matemática muuuyyy básica, nada de química, nada de física), con este escenario y después de 10 años sin haber tomado un cuaderno, me embarqué a tratar de cumplir con el sueño de alcanzar el título de ingeniero en una institución de calidad y con recomendaciones de muchos profesionales.
    Reprobé cálculo y álgebra en primer semestre, fue un fracaso que casi me hace desertar, pero tomé aire (mucho) y decidí continuar. Hasta ahora, sin haber comenzado el tercer año (vacaciones) y con la perspectiva de que cada semestre esto se va colocando más complejo, es que me gustaría invitar a quienes también leyeron tu post, que no hay nada imposible… que tal como tu lo dijiste, todo se puede lograr si hay un esfuerzo de por medio..!!!!
    Te envío saludos y agradecimientos por tu post!!!
    Atte
    Roberto I.

  2. Estimado Mauricio, no sé de qué manera llegué a esta página pero claro está que me interesó demasiado. De la manera en que expones tu experiencia desde tus estudios básicos hasta que presentas tu situación actual, es que encontré la respuesta a una interrogante que no podía hallar.
    Soy estudiante vespertino en Ingeniería (E) Computación e Informática en la USACH, y este 2016 debo cursar el tercer año. Provengo de educación media técnico profesional, en donde aprendí mucho de la especialidad de análisis y programación, pero no lo suficiente en ciencias (matemática muuuyyy básica, nada de química, nada de física), con este escenario y después de 10 años sin haber tomado un cuaderno, me embarqué a tratar de cumplir con el sueño de alcanzar el título de ingeniero en una institución de calidad y con recomendaciones de muchos profesionales.
    Reprobé cálculo y álgebra en primer semestre, fue un fracaso que casi me hace desertar, pero tomé aire (mucho) y decidí continuar. Hasta ahora, sin haber comenzado el tercer año (vacaciones) y con la perspectiva de que cada semestre esto se va colocando más complejo, es que me gustaría invitar a quienes también leyeron tu post, que no hay nada imposible… que tal como tu lo dijiste, todo se puede lograr si hay un esfuerzo de por medio..!!!!
    Te envío saludos y agradecimientos por tu post!!!
    Atte
    Roberto I.

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