[Opinión] Por los ausentes

¿Qué hemos hecho mal? Hemos presentado argumentos sólidos (…) de que el ranking afecta a la educación pública de especial singularidad y de excepcional rendimiento académica, único espacio que tienen los estudiantes de clases baja y media para acceder a una Universidad de excelencia, mientras que el ranking no posee beneficios sociales que se comparen a los que entregan los liceos públicos de excelencia. (…) según los propios datos entregados por el Cruch, los estudiantes más beneficiados (…) han sido los alumnos de la educación particular pagada (el 10% más rico de nuestro país) y de la educación particular subvencionada, mientras que la educación municipalizada, si bien ha capitalizado beneficios de ranking, se ha visto golpeada en forma focalizada por el mecanismo.
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Simón González Barrios, ex-alumno (Generación 2012), estudiante de Derecho U. de Chile.

Hoy, por petición de un amigo muy cercano, asistí a la guerra de agua de los cuartos medios a realizar una cobertura fotográfica de la tradicional batalla entre biólogos, humanistas y matemáticos, tradición que por lo demás no me es ajena, pues a lo largo de mi paso por el Instituto Nacional presencié bastantes batallas acuáticas, y el año 2012 me tocó participar y combatir bajo los azules colores del electivo matemático.

La guerra de hoy empezó bastante fome a decir verdad. La superioridad numérica de biólogos y matemáticos (en alianza) sobre los humanistas hacía presagiar un enfrentamiento asimétrico, sin embargo, estos últimos supieron pararse en igualdad frente a los científicos, y dar una digna pelea, que a mi juicio concluyó de la mejor manera. En ese sentido, fue una guerra tan alegre comos siempre.

Sin embargo, debo hacer manifiesto que en esta guerra estuvo presente un elemento adicional, y que instaló una nota de amargura y desazón entre varios de los espectadores, entre ellos varios inspectores e inspectoras que tienen varias decenas de guerras de agua en el cuerpo: la poca cantidad de alumnos presentes en ambos bandos.

Ya, es cierto que no fue la mejor fecha, con la PSU a la vuelta de la esquina. Pero eso no explica la notable ausencia de estudiantes.

Hay algo más… el ranking de notas.

Puede sonar repetitivo, pues desde hace dos años que la comunidad institutana viene alzando la voz frente a tan injusto mecanismo, que afecta en forma focalizada a los estudiantes de liceos públicos de especial singularidad, en los cuales los estudiantes pese a haber vivido un ritmo de estudio exigente durante seis años, y haber respondido frente  a dicha exigencia, se ven privados de poder acceder a las mejores universidades, porque la contraparte de esa mayor exigencia académica es tener bajas calificaciones, en circunstancias que tanto por su esfuerzo, como por sus capacidades en otros establecimientos educacionales habrían obtenido notas muy superiores, y así sucede con aquellos que emigran.

¿Qué hemos hecho mal? Hemos presentado argumentos sólidos, tanto empíricos como teóricos, de que el ranking afecta a la educación pública de especial singularidad y de excepcional rendimiento académico, único espacio que tienen los estudiantes de clases baja y media para acceder a una profesión en una Universidad de excelencia, mientras que el citado mecanismo no posee beneficios sociales que se comparen a los que entregan los liceos públicos de excelencia. Es más, según los propios datos entregados por el Cruch, los estudiantes más beneficiados por la medida han sido los alumnos de la educación particular pagada (el 10% más rico de nuestro país) y de la educación particular subvencionada, mientras que la educación municipalizada, si bien ha capitalizado beneficios de ranking, se ha visto golpeada en forma focalizada por el mecanismo.

Por ello, en este día que legítimamente es de alegría para todos los egresados de la 2014, yo escribo por los ausentes, por aquellos que debieron partir del Instituto que los cobijó por 6 o 7 años, a un colegio ajeno, a obtener el ansiado ranking que les permita acceder a la profesión que es su vocación, y por la cual se han esforzado durante toda su escolaridad. Escribo por aquellos estudiantes que contrario a lo que señala el Cruch no provienen de las élites políticas y económicas, sino que provienen de todos los rincones de Santiago (y en varios casos de fuera de Santiago), y que este año han debido tomar la dura decisión de exiliarse y concluir su enseñanza en otros liceos.

El ranking, pese a sus cada vez más evidentes falencias, sigue allí, agrediendo en forma silenciosa a la educación pública, cual espina emponzoñada enterrada en el tejido de los liceos de especial singularidad.

No podemos callarnos. No podemos invisibilizar el problema. Diciembre es un mes en que la educación -a raíz de la PSU y la entrega de puntajes nacionales- es un tema de discusión en la prensa, y por ello apelo a que todos quienes posean una tribuna la utilicen para proseguir denunciando este artero mecanismo, que oculta por medio de artificios la crisis de la educación pública y la segregación en nuestros liceos, y que además afecta gravemente a un número importante de alumnos, de mérito, esfuerzo y dedicación, y que no provienen de las élites políticas y económicas de nuestro país.-

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