Libertad, igualdad y educación: la reforma educacional, los particulares pagados y el rol del Instituto Nacional

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Por: Simón González Barrios, ex alumno, estudiante de Derecho U. de Chile.

NUESTRO PAÍS SE encuentra hoy en un ciclo de grandes transformaciones. El modelo neoliberal instalado por el constituyente autoritario se tambalea, siendo que aún subsiste su cimentación jurídica, pero está claro que nuestro país avanza a pasos agigantados hacia una nueva era. Los síntomas los podemos ver en todas partes, el más reciente, el triunfo de Ennio Vivaldi, segundo Rector de izquierda en llegar al sillón de Andrés Bello, pero también es posible notarlo en la composición de las cámaras, en la conformación de la Corte Suprema y por supuesto en el nacimiento de la Nueva Mayoría, coalición de centroizquierda que desplazó a la Concertación, y en la cual se revivió el mítico eje PS-PC, que en el pasado tanto ha contribuido al avance de las fuerzas sociales en nuestro país. (Basta con dos ejemplos ilustrativos: el Frente Popular (Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos) y la Unidad Popular (Salvador Allende).

En dicho contexto, la segunda gran reforma presentada por la Presidenta Bachelet ha sido la primera fase de la reforma educacional, la cual tiene como pilares el fin del lucro, el fin del copago, y el fin de la selección.

Esta reforma -que se debatirá en las próximas semanas en el legislativo- cuenta con amplio apoyo ciudadano de acuerdo a las primeras encuestas (lo que es evidente, puesto que se encontraba dentro del programa de gobierno de la Presidenta, quien ganó con un amplio porcentaje de votos), y asimismo ha sido bien recibida por los denominados actores sociales, quienes no obstante lo anterior algunos se han mostrado disconformes, lo cual era esperable, dado que la reforma no es un quiebre radical frente al sistema educativo existente. Por otro lado, las críticas más fuertes han provenido (como era también previsible) de la Iglesia Católica, de los gremios de sostenedores, y de los voceros tradicionales de dichos sectores: los partidos de derecha (UDI y RN, y otros nombres de fantasía contemporáneos).

La toma del Instituto Nacional

Dado este panorama general, resulta curioso que la manifestación más radical no provenga de parte de alguna agrupación gremial de sostenedores, o de parte de alguna congregación religiosa, sino que del Instituto Nacional, liceo municipal que hoy entera 10 días en toma.

Tras revisar el petitorio (presentado hace un par de días), podemos notar que básicamente lo exigido por los alumnos en toma es una profundización de la reforma, y no una oposición diametral a ella, como había hecho notar el vocero de los primeros medios hace algunos días.

En resumidas cuentas, en dicho petitorio se señalan los siguientes puntos: (A) Fin de la selección: Lo trataré al final de esta columna. (B) Se critica que la reforma no trate materias de acceso a la educación superior, y se propone un sistema de pruebas de acceso por carrera en reemplazo de la PSU y el Ranking. (C) Democratización: una mayor incidencia de la comunidad educativa en el funcionamiento de cada establecimiento. (D) Traspaso de la educación pública al control directo del Estado, financiamiento basal y no a la asistencia, fin de la provisión mixta de educación, fiscalización de la educación privada, fin al lucro en todas las instituciones educativas. (E) Reformulación de la carrera docente y mallas curriculares.

Tal y como se había advertido, el petitorio de los alumnos del Instituto Nacional, más que apuntar en contra de la reforma educacional, apunta en su profundización.

Sobre ello, solo me cabe hacer notar dos aspectos; el primero, es que los estudiantes deben comprender que varios de los puntos incluidos en el petitorio son imposibles de abordar en el actual momento político, en particular en lo que refiere a acabar con la provisión mixta de educación e intervenir la educación privada, dado que en las actuales circunstancias es inviable que el Estadodeje en el desamparo a más de la mitad de la matrícula del sistema educacional, y por otro lado es imposible que se expropien dichos establecimientos educacionales, dado el elevado costo financiero que ello supondría y que destrozaría al erario nacional, y más importante aún, el elevado costo político que supondría, el cual llevaría a Chile a una crisis política de proporciones.

El segundo punto, es que me parece que los estudiantes deben ponderar el costo de sostener una movilización tan radical como la toma en las actuales circunstancias, versus las posibilidades de lograr una profundización de la reforma. Se debe ser muy serio en dicho sentido, y considerar a la toma siempre como un fin y no como un medio. Se pueden buscar otras opciones, como las marchas, las tomas de los partidos políticos de ultranza (UDI, RN) y de las organizaciones afines (Libertad y Desarrollo, Fund. Jaime Guzmán), las sedes de las asociaciones gremiales de mercaderes educacionales, las sedes de la Iglesia Católica, etc., u otra clase de manifestaciones culturales, con igual o mayor impacto mediático que la toma.

Se debe realizar una buena ponderación, máxime cuando el daño derivado de la toma va en perjuicio de la propia comunidad, y la confrontación directa se produce no con la ultraderecha que se opone a la profundización de la reforma, sino con la propia comunidad y con la Alcaldía, la cual, a diferencia de lo que ocurría antes de 2012, ahora es proclive a muchos de los cambios que los estudiantes exigen, y por tanto resulta estéril emplazar a apoyar lo que ya se apoya.

Un ejemplo de que sí se puede recurrir a otras formas de manifestación menos dañina para la comunidad es el trabajo mediático que ha hecho la ACES en el pasado, y la CONES hoy en el presente. La primera ha logrado posicionar su pensamiento por medio de tomas vistosas, logrando ser considerados hoy por la opinión pública y política como un interlocutor, pese a que en la práctica son una organización que no representa a grandes masas estudiantiles, sino a grupos pequeños y selectos (quienes militan en colectivos, o asisten de forma personal a la ACES); la segunda ha logrado posicionarse durante el presente año por medio de acciones políticas (como la toma de la Fundación Jaime Guzmán), siendo por ejemplo escuchados por el Ministro la semana pasada, y actuando también como voceros válidos del pensamiento secundario, a diferencia del Instituto que es visto hoy como una voz aislada, cuya protesta no ha tenido mayor eco más allá de los muros de Prat #33, salvo, por el incendio de las bodegas, por algunos diputados de derecha que se han colgado de la protesta, y por el juego de toma y retoma con la Alcaldesa Tohá, que hasta ahora ha sido lo que más repercusión mediática ha tenido.

El fin de la selección

En donde si apunta en forma certera la crítica elevada desde el Instituto es en torno al prematuro fin de la selección, puesto que si decidimos construir un sistema basado en la más absoluta igualdad, no podemos hacernos los ciegos frente a la subsistencia de colegios de excelencia particulares pagados, los cuáles mantienen la lógica estructural del sistema, y permiten la reproducción de las élites económicas (las verdaderas, no el falso elitismo que se acusa en el Instituto Nacional, colegio en el cual un tercio de alumnado está en riesgo social) y lo que es peor, en un ambiente de verdadera segregación: basta cruzar el umbral de Escuela Militar para entrar a otro país. Utilizando la nomenclatura del sacerdote jesuita Fernando Montes, cruzando la cota mil nos encontramos con un submundo en donde habita una élite económica que ha tomado la decisión de aislarse totalmente del resto de Chile, del Chile real, generando un verdadero apartheid, que se grafica en forma insistente en toda clase de medición.

La eliminación de la selección en la educación municipalizada y subvencionada representa a todas luces un gran avance en la derrota de la segregación, pero mientras subsista la selección académica, económica, religiosa, y de otras clases en la educación privada, es un error acabar con las pruebas de admisión de los establecimientos (mal llamados) emblemáticos. Afortunadamente, los reparos formulados por la comunidad de exalumnos del Instituto fueron escuchados, y se conservó un porcentaje de selección por medio de notas, pero aún así dicha selección no es tan perfecta y exacta como la prueba estandarizada que se aplica desde hace varios años en el Instituto Nacional, basada en un modelo de identificación de destrezas en los postulantes,y no como se ha sostenido en medición del capital cultural de las familias. El dato empírico lo demuestra, puesto que tras la prueba de admisión los estudiantes seleccionados se encuentran distribuidos en forma casi exacta a la distribución de la riqueza en Chile, generándose un alumnado diverso en todos los sentidos posibles, y no un alumnado segregado en base al capital cultural familiar, como erróneamente han sostenido algunos investigadores.

Medida apresurada

Hoy, el Instituto Nacional no solo entrega una educación de excelencia, como ha sido afirmado incluso por prestigiosos educadores extranjeros, siendo el ejemplo más reciente el del director de Education USA (sistema educativo norteamericano), sino que también cumple el rol de crear una élite intelectual diversa, formada en valores republicanos y proveniente de los más diversos sectores sociales (ojo, CREAR, porque conforme a los datos del propio Mineduc el tipo de alumno que ingresa al Instituto Nacional está a años luz de ser parte de una élite económica). Si no fuera por la existencia del Instituto y unos pocos liceos municipales, toda la élite chilena sería educada en colegios particulares pagados de gran costo, en su gran mayoría confesionales, y que entregan como el propio Ministro Eyzaguirre lo ha señalado un modo único de comprender la vida y la sociedad, en un ambiente alejado de las problemáticas del Chile real.

Por tanto, si se acaba con la posibilidad del IN de captar a los alumnos más avanzados, y sacarles trote, y no se interviene a los colegios particulares pagados, se estará acabando con la única fuente de competencia a dichos planteles, y aumentando en forma dramática la segregación, y el origen económico como fuente del éxito en la vida.

Es cierto que el Instituto Nacional no solo es lo que es por su selección, pues a mi juicio los dos factores que determinan en forma preponderante su especial singularidad son su historia y tradición de prestigio, y su alumnado diverso; pero es innegable que la selección de aquellos alumnos más avanzados y aplicados permite sortear las dificultades de educar en la precariedad, por ello, el riesgo de una crisis terminal en el Instituto al modificar su precario equilibrio se hace patente, máxime cuando no se han anunciado mejores reales y sustanciales en su infraestructura, mejoras e incentivos reales a sus docentes, que les hagan no desertar y emigrar al sistema privado, entre otras medidas necesarias y urgentes para su subsistencia.

Ejemplos claros de lo que he expresado abundan; el más reciente es el hecho de que hayan sido dos institutanos, y no dos alumnos de colegios ABC1 los primeros seleccionados para estudiar en Harvard y el MIT, ¿sin el Instituto Nacional hubiese sido posible que el hijo de un gásfiter y una dueña de casa llegara a una de las mejores universidades del mundo?; lo mismo ocurre con los puntajes nacionales año a año: la mayoría son alumnos del 10% de establecimientos particulares pagados, salvo la excepción del Instituto Nacional y un puñado de otros liceos, sin el IN ¿habría sido el hijo de una familia de feriantes el primer estudiante en lograr tres puntajes nacionales, o habría sido el hijo del dueño de una transnacional minera?; mismo escenario se repite en los promedios PSU, en donde solo el Instituto Nacional, y un grupo pequeño de liceos se encuentran todos los años dentro de los 100 primeros lugares, la misma situación se repite en las olimpiadas científicas, en los interescolares, en los concursos literarios, y en general en la mayoría de las competencias de ciencia y de letras. En todos ello, si no fuera por la participación de institutanos y de alumnos de unos pocos liceos, todos los concursantes serían alumnos de colegios ABC1. Basta con revisar las nóminas de representantes chilenos en la IMO en los últimos 20 años, o el listado de ganadores del CMAT de la última década, o los participantes de torneos de debate, informática, olimpiadas de actualidad, y cuanto torneo sea posible imaginar.

Si no compensamos al Instituto elevando el estandar de su educación para que puede asemejarse -siquiera- al estandar de un colegio particular pagado, y  si por otro lado permitimos que un particular pagado pueda seguir segregando como se le de la gana, entonces el único resultado que obtendremos será lograr lo que la dictadura no pudo lograr completamente cuando hicieron los mayores esfuerzos por acabar con los liceos tradicionales: pasarle la aplanadora a los colegios ABC1 para que puedan ser amos absolutos en la formación de los cuadros directivos de Chile, en todas las áreas del saber: la ciencia, la tecnología, las letras y las artes.

Libertad e Igualdad

Un último tópico que me gustaría dejar esbozado en esta columna (hace bastante tiempo que no escribía para Primer Foco, y hoy he aprovechado de vaciar mi tintero de ideas) es con respecto a los principios que deben inspirar un sistema educativo, y una sociedad en general.

Desde que los revolucionarios franceses esbozaran los principios de igualdad y libertad, éstos han sido uno de los mayores clivajes en las luchas políticas entre modelos ideológicos diversos.

En nuestro país, cuyo modelo económico y político se inspira en los postulados neoliberales, claramente existe un predominio casi absoluto de la libertad. Este predominio es tan abismante, que bien podríamos enlistar a Chile como el único país libertario si no fuera porque la libertad es limitada por el derecho de propiedad y por la moral cristiana guzmaniana. Así, libertarismo económico de la escuela neoclásica y conservadurismo de inspiración franquista fueron las ideologías que dieron lugar a este modelo económico único y salvaje que es el neoliberalismo criollo.

Ante tan brutal escenario, la lucha por igualdad es más que necesaria, dado que en nuestro país los niveles de desigualdad son los propios de países sumidos en el narcotráfico, la esclavitud, la corrupción y otros males, pero en dicha lucha no debemos olvidar que la libertad no ha de ser pisoteada por la igualdad, más bien, ambos principios deben coexistir.

La utopía igualitarista puede transformar al modelo socialista (el socialismo es el equilibrio perfecto entre ambos principios) en una tiranía, y en un modelo autoritarista, en donde no haya espacio a la libertad.

Ciertamente, estamos a años luz de ello. Pero nunca es malo dar el debate en torno al modelo de sociedad que queremos, y dentro de ese debate puede circunscribirse la cuestión de si existe libertad para elegir ir más allá, porque si existiera dicha libertad para aprender más, para optar por un esquema de mayor competencia, ciertamente se justificaría la existencia de proyectos educativos que apuntaran a un grupo específico de alumnos (aquellos que desean ir más allá, aquellos que desean liderar), y que les dieran más herramientas, que aquellos que decidieran no ir más allá. ¿Puede existir algo así como un derecho a no educarse en la exigencia? A mi juicio claramente sí. La libertad no debe centrarse en que los padres decidan el proyecto educativo de sus hijos, sino en que los hijos puedan ir labrando su propio futuro a medida que van madurando y van creciendo, en ese sentido, desde la temprana infancia hay estudiantes que deciden sobresalir por sobre el resto, y para aquellos estudiantes debiera existir la opción de acceder a modelos educativos más exigentes, en donde puedan desarrollar sus plenas capacidades.

La sociedad es responsable de entregar un ambiente de alta exigencia a aquellos alumnos que lo requieran, para que puedan desarrollar sus capacidades más allá del límite, pues dichos talentos en el futuro entregarán a la sociedad grandes inventos, o desarrollarán grandes teorías, que serán provechosos para toda la sociedad. Lo importante es que dicha educación esté al alcance de todos, y no solo de quienes cuenten con los recursos, y con la eliminación de la selección por mérito se pone dicha educación de exigencia solo al alcance del 10% de mayores ingresos.

No nos engañemos. Las personas talentosas en nuestro país son denostadas por ir un paso más adelante. En todos los colegios hay un “ñoño”, o un “nerd”, que por sacar siempre las mejores calificaciones es discriminado o aislado, y que como medida de autodefensa debe ocultar sus capacidades para pasar desapercibido. Entregar un espacio a los ñoños o nerds para que desarrollen su talento, y puedan aportar al desarrollo de la ciencia y la cultura en forma destacada, independiente de su cuna u origen socioeconómico es a mi juicio algo deseable. Conservar al Instituto Nacional, y un grupo de colegios meritocráticos es útil al sistema todo, y así ha sido comprendido por naciones líderes en cuanto a igualdad y calidad de la educación refiere, como Cuba, Uruguay, Francia, Países Nórdicos, entre otros países que mantienen proyectos de alta exigencia, pero cuyo acceso es permitido a toda la comunidad, y no solo a élites económicas. Y ciertamente el Instituto Nacional así lo hace.

A modo de conclusión.

Para concluir, me resta señalar que recae sobre los actuales estudiantes del Instituto Nacional una gran responsabilidad: generar esta clase de debates en la opinión pública, y plantear estas discusiones. El Instituto Nacional debe amoldarse al nuevo modelo educacional, y mutar, como lo ha hecho en sus 200 años de señera vida, no podemos ser la piedra de tope para la reforma educacional, sino que es nuestro deber impulsarla y enriquecerla, pero asimismo debemos luchar para que en dicha reforma se conserven los proyectos educativos de especial singularidad. Como institutanos nuestro deber es propiciar los cambios necesarios, en beneficio de la educación de los más desposeídos, pero en dicha tarea no debemos ser mártires, sobretodo si en dicho martirologio estamos privando a aquellos alumnos aventajados y esforzados de su única oportunidad de surgir en la vida, y de formarse en un modelo educativo más exigente y avanzado, no solo en beneficio propio, sino que en beneficio de todo el pueblo de Chile: así lo han comprendido los premios nacionales institutanos, los políticos precursores, muchos de ellos fundadores de los partidos de izquierda que hoy lideran la reforma educacional, así lo comprendieron los institutanos que entregaron su vida durante los 17 años de dictadura, en defensa de la libertad y la democracia, así ha sido comprendido por numerosos institutanos anónimos, que se han esforzado desde todas las trincheras posibles por hacer de Chile un mejor país para vivir.-

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